La vida natural y la vida sobrenatural

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Puedo por mis facultades naturales conocer, querer y obrar; pero no es eso el conocimiento, el amor y la acción que constituyen la piedad cristiana; la piedad es obra esencialmente sobrenatural, que supone en el alma una vida sobrenatural. Los actos de esta vida sobrenatural se ejercitan por mis facultades naturales, pero únicamente en virtud del principio sobrenatural que las anima. Mis facultades prestan a la gracia el concurso de su acción, por ellas obra la gracia; pero ésta es el agente principal, el motor esencial, la causa vital. Mi cuerpo no obra naturalmente sino por virtud de mi alma; así también mi alma no obra sobrenaturalmente sino por virtud de la gracia. El alma produce las obras naturales sirviéndose de los órganos del cuerpo, y la gracia produce las obras sobrenaturales sirviéndose de las potencias del alma. Mi alma es tan incapaz, por sí misma, para las operaciones de la vida sobrenatural, como lo es mi cuerpo para las operaciones de la vida natural: (José Tissot, La vida interior)