La nube del olvido de las creaturas

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Si deseas entrar en esta nube, permanecer en ella y proseguir la obra de amor de la contemplación, a la cual te estoy urgiendo, tienes que hacer otra cosa. Así como la nube del no-saber está sobre ti, entre ti y tu Dios, de la misma manera debes extender una nube del olvido por debajo de ti, entre ti y todo lo creado. La nube del no-saber te dejará quizá con la sensación de que estas lejos de Dios. Pero no, si es autentica, solo la ausencia de una nube del olvido te mantiene ahora alejado de Él. Siempre que digo «todas las criaturas», me refiero no solo a todo lo creado, sino a todas sus circunstancias y actividades: No hago excepción alguna. Tu obligación es no vincularte a criatura alguna, sea material o espiritual, ni a su situación ni hechos, sean buenos o malos. Para expresarlo brevemente, durante este trabajo has de abandonarlos a todos ellos bajo la nube del olvido. Pues aunque en ciertos momentos y circunstancias es necesario y útil detenerse en situaciones y actividades concretas que atañen a personas y cosas, durante esta actividad es casi inútil. El pensamiento y el recuerdo son formas de comprensión espiritual en las que el ojo del espíritu se abre y se cierra sobre las cosas como el ojo del tirador sobre su objetivo. Pero te insisto en que todo aquello en lo que te detienes durante esta actividad resulta un obstáculo a la unión con Dios. Pues si tu mente está bloqueada con estas preocupaciones, no hay lugar para el. Y con toda la debida reverencia, llego hasta a afirmar que es completamente inútil pensar que puedes alimentar tu obra contemplativa considerando los atributos de Dios, su bondad o su dignidad; o pensando en nuestra Señora, los ángeles o los santos; o en los goces del cielo, por maravillosos que sean. Creo que este tipo de actividad ya no te sirve para nada. Desde luego, es laudable reflexionar sobre la bondad y el amor de Dios y alabarle por ello. Sin embargo, es mucho mejor que tu mente descanse en la conciencia de El mismo, en su existencia desnuda y le ame y le alabe por lo que es en sí mismo. (La Nube del No Saber – Anonimo ingles del siglo XIV)