La modestia, fruto del Espíritu Santo

“Que vuestra modestia sea conocida por todos los hombres”. No se refería simplemente, al porte decoroso, sino a esa norma de moderación y de dulzura que debe inspirar todos nuestros actos; y en ese sentido se toma también esta palabra en la enumeración de los Frutos del Espíritu Santo. Ese fruto consiste en la moderación y en la armonía con que debemos usar de todas las criaturas; moderación en el uso de las riquezas, moderación en el uso de los placeres, moderación en el uso de los honores, modestia en toda nuestra vida exterior. Es la modestia entendida con la amplitud con que la entendía el Apóstol San Pablo. (El Espíritu Santo)