La mirada de mi crucifijo me sostiene

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Hoy, 30 de agosto de 1917, no he comulgado. Sin unirme con Dios. Y todo por este cuerpo de barro. ¿Cuándo se acabará esta muerte para vivir en Dios? Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfallezco. Hoy me he sentido mal. Las fatigas no me dejan. Qué hacer, si es la voluntad de Dios. Hoy sin Comunión he metido más aparato. Silencio, cuerpo, quiero que sólo el alma hable con Dios para que tú calles a las criaturas.

La mirada de mi crucifijo me sostiene. Veo todo oscuro. Mi oración se acabó. Me han prohibido que la haga en la noche. La comunión me la han negado; pero venzo, porque Jesús lo es Todo y El está dentro de mi alma. ¿Qué importa todo? No quiero mirar sino el presente, es decir, mirar a Jesús. El me alumbra. El porvenir se me presenta en medio de tinieblas.

Cuando comulgo siento ánimo. Jesús me da vida, no sólo la del alma sino la del cuerpo. Y me la quitan; me privan del Cielo. Jesús querido, que se haga tu voluntad y no la mía. Mañana comulgaré. Conseguí permiso. ¡Oh, qué felicidad: mañana tendré el Cielo en mi corazón! ¡Oh, te amo, Jesús, te adoro! Te agradezco a Ti y a mi Madre este favor. ¡Toda tuya… Sólo Tú… ninguna criatura!