La flagelación de Jesús

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Segundo misterio doloroso. La flagelación de Jesús.

«Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis. Y todo el pueblo respondió: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos! Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado» (Mt 2, 24-26)

Los medios de los cuales Jesús se sirvió en el pesebre, en Nazaret y en la cruz son: pobreza, abnegación, humildad, abandono, persecución, sufrimiento. He aquí nuestras armas, las de nuestro esposo divino, quien nos pide continuar entre nosotros su vida. Sigamos este modelo único; estaremos seguros de estar en lo justo porque no somos nosotros los que vivimos, pero es él quien vive en nosotros, y nuestros actos no son nuestros, humanos y miserables actos, pero los suyos, divinamente eficaces. (Carta a Mons. Guérin, 15 enero 1908)