La contrición y el amor a Dios

La contrición debe llegar a inspirarse, como motivo esencial, en el amor perfecto, en el amor de Dios por Él mismo y para su gloria. El único todo de mi vida es llegar a procurar la gloria de Dios en todo; incesantemente debo acercarme a ese fin. La contrición es precisamente el movimiento que aproxima mi corazón a él, alejándolo del mal. Este movimiento sería incompleto si no tendiese a este fin supremo. (José Tissot, La vida interior)