En Jesús reside toda nuestra fuerza

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“Tú, hijo mío, fortifícate en la gracia”, (II Tim II, 1). La gracia es una participación de la vida del Hombre-Dios. Aunque las criaturas poseen una cierta cantidad de fuerza y en cierto sentido puede decirse de ellas que son una fuerza, Jesús es la Fuerza por esencia. En Él reside plenamente la Fuerza del Padre, y la Omnipotencia de la acción divina; y su Espíritu se llama Espíritu de Fortaleza. (Dom. J.B. Chautard, El alma de todo apostolado)