El odio divino va contra el pecado, no contra el pecador

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Si el Señor precipitase inmediatamente en el infierno a toda alma que peca gravemente, no cabe duda de que mataría siempre al pecador, pero jamás exterminaría el pecado. Al contrario, el pecado se eternizaría con ese mismo castigo. Precisamente porque el odio divino va directamente contra el pecado, y sólo indirectamente contra el pecador como consecuencia de ese pecado, Dios emplea tantas industrias; se humilla adelantándose amorosamente, con el fin de apartar el pecado del pecador y matar a aquél, salvando a éste; pierde al culpable solamente cuando la obstinación de su libre voluntad en no apartarse de la culpa no permite a Dios matar el pecado en el pecador y le obli­ga a matar al pecador en el pecado. (José Tissot, El arte de aprovechar nuestras faltas)