Ecce Homo

Figurándote a Cristo en tu imaginación coronado de espinas, vestido de púrpura con la caña en la mano, lleno de llagas y dolores, te imaginarás que te dice: Ecce homo (Joann. XIX): He aquí al hombre que amándote con amor inefable, te ha redimido con estos oprobios, con estas llagas y con esta sangre. Ecce homo: Este hombre es a quien tú has ofendido, después de haberte dado tantas pruebas de amor y colmándote de tantos beneficias. Ecce homo: este hombre es la misericordia de Dios, y la redención copiosa. Este hombre con todos sus méritos se ofrece por ti al Padre cada día, cada hora y cada minuto. Éste es el hombre que sentado a la diestra de su eterno Padre pide por ti, y hace el oficio de abogado; ¿por qué, pues, me ofendes? ¿Cómo no te vuelves a mí?: Vuélvete a mí, que así como el sol destierra la nube y deshace la niebla, así borraré tus culpas, y olvidará tus pecados (Isai. XLII).(El Combate Espiritual, Lorenzo Scupoli)