El don de ciencia produce el desprecio de lo terreno

A las veces este efecto del Don de Ciencia es amargo, es doloroso, es terrible; porque no siempre la virtud es dulce. A veces la virtud nos parece amarga, nos parece cruel, hay virtudes que nos destrozan el corazón, que nos desconciertan, que nos desilusionan; pero así es como el Don de Ciencia llega a producir en las almas ese total desprecio de las cosas de la tierra, que es la noche de los sentidos de que habla San Juan de la Cruz, esas purificaciones largas y tremendas a las que Dios sujeta a las almas cuando quiere elevarlas a la excelsitud. Entonces, de improviso, el alma ve que todas las criaturas han perdido su encanto, y ya no le atrae lo que antes le atrae, ya no puede encontrar descanso en lo que antes lo encontraba su corazón; es una noche, noche oscura en la que no brilla ni una sola estrella; noche bendita, porque el hombre ha sido definitivamente arrancado al encanto de las criaturas para encontrarse en el camino recto y seguro que conduce a Dios. (El Espíritu Santo)