Cuatro medios para alcanzar la desconfianza en sí

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Te propongo cuatro medios con los cuales, ayudada del socorro de la gracia, infaliblemente alcanzarás la desconfianza de ti mismo. El primero es que consideres tu vileza y tu nada, y reconozcas que con tus fuerzas naturales no eres capaz de obrar algún bien por el cual merezcas entrar en el reino de los cielos. El segundo, que con fervor y humildad pidas frecuentemente a Dios esta virtud; porque es don suyo, y para obtenerla debes desde luego persuadirte, no solamente de que no la tienes, sino también de que nunca podrás adquirirla por ti misma. Después, postrándote en la presencia del Señor, se la pedirás con fe viva de que por su infinita bondad se dignará concedértela; y si perseveras constante en esta esperanza, por todo el tiempo que dispusiere su providencia, no dudes que la alcanzarás. El tercer medio es que te acostumbres poco a poco a no fiarte de ti misma, y a temer las ilusiones de tu propio juicio, la violenta inclinación de nuestra naturaleza al pecado, y la terrible multitud de enemigos que nos cercan de todas partes, que son sin comparación más astutos y fuertes que nosotros, que saben transformarse en ángeles de luz (II Cor. XI, 14), y ocultamente nos tienden lazos en el camino mismo del cielo. El cuarto medio es que, cuando cayeres en alguna falta entres más vivamente en la consideración de tu propia flaqueza, y entiendas que Dios no permite nuestras caídas sino solamente a fin de que, alumbrados de una buena luz, nos conozcamos mejor, y aprendamos a menospreciarnos como viles criaturas, y concibamos un sincero deseo de ser menospreciados de los demás.(El Combate Espiritual, Lorenzo Scupoli)