Alegría de María al encontrar a su Hijo perdido en el Templo

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Pues ya, cuando pasados estos tres días de tan grande martirio, lo viniese a hallar en auto de tanta admiración, ¡Cuál sería allí su gozo y su alegría! ¡Cuán dulces abrazos le daría! ¡Cuántas lágrimas derramaría! ¡Cómo se encontrarían allí las lágrimas del dolor y de la alegría juntamente, las del dolor, por haberlo perdido, y las de la alegría, por haberle hallado de la manera que le halló! Por donde conocerás cómo no es perpetua la consolación ni la desconsolación de los siervos de Dios en este mundo: porque el Señor que a tiempos los aflige y ejercita, a tiempos también los consuela, y según la muchedumbre de los dolores de su corazón, así y mucho mayor es la de su consolación.

Vida de Cristo