19 junio,2012

¿Qué se hace en la oración?

Meditación: La medida del perdón

Lo que hacemos en la oración es

  • reconocer a Dios como Creador y Señor, 
  • agradecerle todos los beneficios, 
  • suplicar, 
  • pedir perdón y 
  • ofrecer.

Reconocerle como Creador y Señor

Reconocer a Dios como nuestro principio y como nuestro fin último para adorarle.
Adorar significa reconocer que Dios es Aquel que es; nosotros, adorándole, confesamos nuestra radical dependencia de Dios, en nuestro ser y en nuestro obrar. Nuestra adoración, (…) nos pone en la verdad de nuestras relaciones con Dios; nos hace salir de nuestra pobreza para subir a Dios y reposar en Él como en el corazón del padre; allí somos y tenemos todo.

Agradecerle todos los beneficios recibidos

(…) – vemos que Él es la fuente de todo bien. Agradezcamos a Dios no sólo porque nos ha creado y porque continuamente nos crea, démosle gracias sobre todo porque “Dios es amor” (1 Jn 4, 8 ) y debemos amar y agradecer el Amor por sí mismo.

Suplicar

Dios es Padre y nos está regalando continuamente sus dones.
La conciencia de nuestras necesidades es sumamente limitada, de hecho no sabemos todo lo que debemos pedir; pero Dios, que es Padre y nos conoce íntimamente, nos da más allá de lo que nosotros osamos esperar. La oración que “pide” tiene un valor de preparación personal, dispone a acoger la gracia del Padre, abre el alma a Dios que entra en nosotros con sus dones.

Pedir perdón

Pedir perdón ha llegado a ser uno de los motivos principales de la oración desde que el hombre ha perdido la inocencia original.
Nos reconocemos pecadores, es decir hijos que se han alejado del Padre; le pedimos perdón y nos reorientamos a Él. Es una oración que será ciertamente escuchada, porque Jesús mismo ha muerto para obtenernos el perdón del Padre: su Sangre nos ha merecido la remisión de los pecados. Sin embargo, este perdón, ya obtenido para todos, debe ser aplicado a cada uno de los que han ofendido al Padre, y cada pecador con humildad deberá pedírselo personalmente. El perdón será la respuesta del Padre a nuestra oración.

Ofrecer

Al adorar ofrecemos a Dios el obsequio de los sentimientos más profundos del hombre. — Quien adora sinceramente se ofrece a sí mismo a Dios.
Jesús, en la última cena, al dar las gracias al Padre, se ofreció y nos anticipó la sangre de su Sacrificio (Mt 26,27).
En la vida, el sentido de “ofrenda” debería informar todas las actividades, compromisos, encuentros cotidianos, etc., para que manifieste una profunda aspiración por una existencia que quiere ser plenamente cristiana. Por tanto, la oración de “ofrenda” no es un simple “gracias” dicho de corazón. El cristiano que reflexiona en el hecho de que Cristo “ha muerto por todos” (2Cor 5,14), no puede permanecer indiferente; ya no debe vivir para sí mismo, sino por quien murió y resucitó por él (2 Cor 5,15).”

Extracto de “La oración”


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