17 octubre,2011

Mi oración son frases de enamorados

Mi oración son frases de enamorados

«Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo».

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(San Pablo, Carta a los Filipenses 2, 5)

«Mi vida es Cristo».

(San Pablo, Carta a los Filipenses 1, 20)

 Dentro del recorrido de los maestros de vida espiritual que estamos llevando a cabo aquí en La Oración, tal vez nos olvidamos de uno de los principales y que ha sido el cimiento de muchos de ellos: San Pablo. Hombre de un gran celo, de temperamento explosivo, se enamoró de su Señor y ya no menoscabó ningún sacrificio con tal de agradarlo. Y fue tal el cambio que Cristo obró en su corazón, que lo que antes le era imprescindible ahora lo considera basura (algunas traducciones hablan de estiércol).

¿Cómo se hablan los enamorados?

¿Qué fue lo que le cambió la vida a Saulo de Tarso? ¿Cómo es que de perseguidor enfurecido del cristianismo se convirtió en el máximo expositor de la doctrina católica? La respuesta tal vez viene del enamoramiento. Una de las personas que sigo en Twitter es un joven universitario muy amigo mío y que tiene una novia que también es una gran persona. Ver los mensajes que se intercambian entre ellos endulzan el mundo virtual en el que nos movemos ahí. Frases como “Tqm, mi gordo”, “Ahora sí que no hay mejor novio que el mío” y demás cosas que, por respeto hacia ellos, prefiero no reproducir.

¿Qué pasa en tu oración cuando te enamoras de Cristo?

Leer las cartas de San Pablo es como si repasásemos tuits de los enamorados. Basta ver los dos mensajes que sirven como frontispicio a este artículo. ¿Verdad que es de todo un enamorado?

Y aquí es cuando entra la contribución de San Pablo a su oración. Porque para San Pablo orar no es un método, sino el diálogo con su Amor, con quien sabe le ha dado todo. Dios es para él no la camisa que se pone el domingo o la aspirina que se toma cuando algo va mal. Es su todo. Y por lo mismo, cuando ora va conociendo a Cristo y se va configurando con Él, se va pareciendo a Él; como hacen los enamorados. Así, las acciones exteriores no son más que la traducción o manifestación hacia fuera de las disposiciones interiores del alma. Si se piensa como Jesús, se obrará como Él.

Habría mucho que decir de San Pablo. Pero estoy seguro que él mismo estará de acuerdo con nosotros que la raíz, el centro de toda su vida no es sino su amor por Cristo. No sin razón decía -y ojalá que sea también nuestro ideal: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Y aunque al presente vivo en la carne, vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí» (Gálatas 2, 19-20).


Autor: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C.

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