¿Quién encuentra el tesoro?

El silencio de la voluntad

Mt 13,44 “El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo, y por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.”


¿Quién encuentra el tesoro? ¿El que lo anda buscando o el que se topa con él por obra de la casualidad? ¿Es un hallazgo fortuito o un premio a su perseverancia?

Nuestra fe, el ser templos del Espíritu Santo, la Eucaristía… todos son tesoros de un valor incalculable. “…ustedes han sido salvados por la gracia, mediante la fe, y esto no se debe a ustedes mismos, sino que es un don de Dios”.Ef 2,8

Tal vez el hombre iba caminando por el campo y de pronto simplemente se topó con el tesoro. Puede ser que en muchos casos, nosotros no hayamos hecho absolutamente nada para que el tesoro formara parte de nuestra vida. Por pura bondad de Dios, nacimos en una familia católica, nos incorporamos a la Iglesia por el Bautismo y recibimos su Cuerpo y su Sangre por primera vez sin mucha consciencia de lo que esto significaba.

Pero también puede ser que el hombre estuviera buscando afanosamente el tesoro que alguien le aseguró encontraría en ese campo. Hay personas que inician su camino espiritual de forma intencional después de que los acontecimientos de la vida o alguien más les dice: “Dios existe, y ¡te ama!”.

Pero es un hecho que en ambos casos, el tesoro estaba ahí independientemente de ellos. La realidad es que como decía Santa Teresa: Todo es don y todo es gracia. Dios sale a nuestro encuentro. Es Él quien nos busca y quiere regalarnos lo que no merecemos.

Y también es cierto que para los dos escenarios, la respuesta de nuestra parte debe ser la misma: comprar el campo donde se encuentra el tesoro. Vender TODO y dejarlo TODO por Él. Sólo así podemos convertirnos en su auténtico dueño.

¿Cuál es mi respuesta a esta exigencia?

Dios me quiere regalar el cielo, pero yo ¿estoy dispuesta a ganarlo?


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P. Evaristo Sada L.C.(Síguelo en Facebook)