maestros de la vida espiritual

San Juan Damasceno: orar con las imágenes es mucho más humano

Oración a Jesús Crucificado (II)

Vida

Durante el siglo VIII, el emperador de Bizancio, León III Isaúrico, creyendo que el culto a las imágenes sagradas era un acto de idolatría, inició su política iconoclasta, es decir, de destrucción de estas imágenes. El anciano patriarca de Constantinopla, San Germán, se opuso con valentía al emperador y esto le valió la destitución. Pero desde Jerusalén, que ya se encontraba bajó el dominio árabe, se hizo oír otra voz en favor de las imágenes, la del entonces desconocido monje Juan Damasceno o de Damasco, que con sus «Tres discursos a favor de las sagradas imágenes» llamó la atención de todo el mundo cristiano.

No vayas a tu oración sin gafas

«Mi mente recibió con alegría esta enseñanza del misterio de Dios al elevarse a Dios por medio de la carne; por la fe había sido llamado a un nuevo nacimiento y se le había concedido la posibilidad de obtener la regeneración celeste […] Juzgaba que estas cosas están más allá de la capacidad de la inteligencia humana, porque el modo común de razonar es incapaz de entender los designios divinos, y piensa que sólo tiene existencia lo que por sí mismo puede entender o lo que por sí puede probar. Pero las acciones de Dios, en la magnificencia de su poder eterno, no las hacía depender de la propia experiencia, sino de la infinitud de la fe; de modo que no porque no lo entendiese dejaba de creer que Dios estaba en el principio junto a Dios y que la Palabra hecha carne había habitado entre nosotros; más bien se daba cuenta de que podría entenderlo si tenía fe» (San Hilario de Poitiers, De Trinitate, I, 12).

 

San Benito: un pilar de Europa basado en la oración y el trabajo

Vida

Nos encontramos ante uno de los pilares de la civilización europea; de hecho, el Papa Pablo VI lo declaró «Patrono principal de Europa» en 1964. Tal vez, por eso mismo, el actual Pontífice, Benedicto XVI, haya querido adoptar el nombre del santo que hoy nos concierne.
 

Nació en Nursia, Italia, en el 480. Cuatro años antes de su nacimiento, el rey bárbaro de los Hérulos mataba al último de los emperadores romanos, poniendo en grave peligro la extinción de las raíces de la cultura europea, pero abriendo paso a la inigualable contribución de los monjes en la salvaguarda de esos mismos valores culturales de la Europa que estaba naciendo.