26 mayo,2011

Novena de Navidad

Novena de Navidad

V. Al Rey que ha de venir, venid, adoremos.
R. Al Rey que ha de venir, venid, adoremos.

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V. Nos va a nacer un Niño, y será llamado Dios Fuerte. Se sentará sobre el trono de David, su Padre, y reinará. Sobre sus hombros reposa el poder.
R. Al Rey que ha de venir, venid, adoremos.

V. Belén, ciudad de Dios, de ti saldrá el Dominador de Israel, cuyos orígenes serán desde antiguo, y será alabado por toda la tierra y habrá paz en su venida.
R. Al Rey que ha de venir, venid, adoremos.

Día 1: He aquí que vendrá el Rey, el Señor de la tierra, y nos librará para siempre del yugo de nuestra cautividad.

Día 2: Oh Sabiduría, que procedes de la boca del Altísimo, que conoces todas las cosas desde el principio hasta el fin y las dispones con suavidad y fortaleza, ven y enséñanos el camino de la prudencia.

Día 3: Señor Todopoderoso, Jefe de la casa de Israel, que te manifestaste a Moisés en una zarza ardiente y en el Sinaí le hiciste entrega de la ley, manifiesta tu poder sobre nosotros y ven a redimirnos.

Día 4: Oh Vástago de Jesé, que te levantas como el signo de salvación en medio de las naciones, y ante quien los reyes enmudecen y los pueblos se postran suplicantes, ven a librarnos; no tardes.

Día 5: Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie cierra; cierras y nadie abre; ven, pon en libertad al que está en prisión y al que yace en las tinieblas y en las sombras de la muerte.

Día 6: Oh Sol naciente, esplendor de la luz eterna, Sol de Justicia, ven e ilumina a los que caminan en la oscuridad y en sombras de muerte.

Día 7: Oh Rey de las Naciones, el Esperado de los pueblos, piedra angular; ven y salva al hombre que formaste del polvo.

Día 8: Oh Emanuel, Rey legislador nuestro, Esperanza de las naciones y Salvador de las gentes; ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

Día 9: Cuando el sol haya salido veréis al Rey de los Reyes, al que procede del Padre, como un esposo que sale de su tálamo.

Oremos: Apresúrate, Señor, no tardes, y otórganos el auxilio de tu virtud celestial, pues confiamos en tu clemencia, para que seamos confortados con los consuelos de tu venida. Que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.