Ve, de la Cruz pendiente

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Ve, de la cruz pendiente,

la Madre dolorida

al Rey de eterna vida

que muere por mi amor;

y el vaticinio triste

de Simeón, cumplido,

deja en su pecho herido

la espada del dolor.

Por el común delito

la víctima se entrega,

y hasta la muerte llega

nuestro Dios y Señor,

y cada dolor suyo

acrece tus dolores,

Reina ayer de las flores,

hoy Reina del dolor.

Al ver de un Dios la muerte

y que su madre llora,

tiembla la tierra toda,

cual si fuera a estallar,

y hasta el velo del templo

se rasga dividido,

¿y el pecho endurecido

se negará a llorar?

Alma que ves en trance

tan duro e inclemente

penar al Inocente,

morir al mismo Dios,

atiende de María

el silencioso llanto

y piensa si hay quebranto

mayor que su dolor.

Mi culpa es tu tormento,

mi pecado tu herida,

oh Madre dolorida:

tu sufres, y es por mí.

Haz que en mi alma se clave

el despiadado acero

que, insensible y fiero,

hoy te traspasa a ti. Amén.