Jesús de María, Cordero Santo

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Jesús de María,

Cordero Santo,

pues miro vuestra sangre,

mirad mi llanto.

¿Cómo estáis de esta suerte,

decid, Cordero casto,

pues, naciendo tan limpio,

de sangre estáis manchado?

La piel divina os quitan

las sacrílegas manos,

no digo de los hombres,

pues fueron mis pecados.

Bien sé, Pastor divino,

que estáis subido en lo alto,

para llamar con silbos

tan perdido ganado.

Ya os oigo, Pastor mío,

ya voy a vuestro pasto,

pues como vos os dais

ningún pastor se ha dado.

¡Ay de los que se visten

de sedas y brocados,

estando vos desnudo,

sólo de sangre armado!

¡Ay de aquellos que manchan

con violencia sus manos,

los que llenan su boca

con injurias y agravios!

Nadie tendrá disculpa

diciendo que cerrado

halló jamás el cielo,

si el cielo va buscando.

Pues vos, con tantas puertas

en pies, mano y costado,

estáis de puro abierto

casi descuartizado.

¡Ay si los clavos vuestros

llegaran a mí tanto

que clavaran al vuestro

mi corazón ingrato!

¡Ay si vuestra corona,

al menos por un rato,

pasara a mi cabeza

y os diera algún descanso!