Meditación sobre la paz

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La vida es bella: La Trinidad y yo

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO  (Is 66, 10-14c; Sal 65; Gál 6, 14-18; Lc 10, 1-12. 17-20)

«Porque así dice el Señor: «Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones» (Is).

«La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma» (Gál).

«Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» (Lc).

Contemplación

Pocas palabras están más remecidas de significado que las del saludo por excelencia de Cristo a sus discípulos en la mañana de Pascua: «Paz a vosotros«. Hoy las lecturas bíblicas concuerdan en el mismo deseo, como augurio profético, como bendición a quien es acogedor, y como efecto de una vida según la Cruz de Cristo. «Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo».

Sorprende la relación que se da entre la experiencia de paz y la entrega total de uno mismo. En el discernimiento espiritual, la paz se convierte en señal que acredita el bien hacer, logrado tantas veces a costa de renuncias y olvido de sí, pero con amor.

La paz de Jesucristo, que se deja sentir en lo más profundo de la conciencia, no es consecuencia de la posesión de bienes, ni del dominio o del poder sobre las personas y cosas, o del placer egoísta, sino de cumplir la voluntad de Dios, de llevar a cabo lo que Dios revela a cada uno como bueno, mejor y más perfecto. «No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».

El tiempo de descanso, en los meses de verano, en los que se desea recuperar fuerzas y serenar el espíritu, es buen momento para beber de las fuentes que dejan gustar la paz en el corazón: la oración, el trato de amistad con Jesús, la hospitalidad generosa y la coherencia de vida, según la propia vocación e identidad personal.

Os deseo la paz en vuestra casa, entre los vuestros, con vuestros amigos. Una consigna que se hizo lema de vida en Francisco de Asís fue la paz. «Haz de mí un instrumento de tu paz». Nuestra sociedad necesita mensajeros de paz. ¡Seguid el camino que conduce a la Paz! Jesús nos lo desea como cuando miró con dolor a Jerusalén: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz!» (Lc 19, 42)


Agradecemos esta aportación a Don Angel Moreno de Buenafuente  (consulta aquí su página web)

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