Meditación: El auxilio de la Palabra

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Meditación: El auxilio de la Palabra

I Domingo de Cuaresma: la Palabra

(Dt 26,4-10; Sal 90; Rom 10,8-13; Lc 4,1-13) 

«¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí! Contienden también mis tristezas malas con mis gozos buenos, y no sé a quién se ha de inclinar el triunfo. ¡Ay de mí, Señor! ¡Ten misericordia de mí! Yo no te oculto mis llagas. Tú eres médico, y yo estoy enfermo; tú eres misericordioso, y yo soy miserable” (San Agustín).

El desierto no es solo el lugar áspero, terrible, donde se experimenta la tentación; es también el lugar de la intimidad con Dios, donde se escucha la Palabra en lo más profundo del ser.

Texto bíblico:

«No sólo de pan vive el hombre» (Lc 4,4). “La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón” (Rom 10,8).

El papa Francisco, para este tiempo de Cuaresma, recomienda de manera especial la meditación de las obras de misericordia: “La Cuaresma de este Año Jubilar pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar”.

La tentación se supera al contemplar el testimonio de Jesús, Él nos ha dejado los instrumentos de la oración, el ayuno y la limosna, pero en caso de ser víctima de la propia debilidad, san Bernardo nos enseña: “Si cometo un gran pecado, me remorderá mi conciencia, pero no perderé la paz, porque me acordaré de las llagas del Señor”.

Propuesta:

Toma el bordón de la lectura de algún libro que te pueda ayudar, y si te es posible, ten la referencia diaria a los textos litúrgicos.


Agradecemos esta aportación a Don Don Ángel Moreno de Buenafuente.

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