1 julio,2018

Levántate con la ayuda de Dios

Irradiar a Cristo

XIII Domingo del Tiempo Ordinario
(Sab 1, 13-15; 2,22-23; Al 29; 2Cor 8, 7.9. 13-15; Mc 5, 21-43)

Los pasajes bíblicos que hoy se proclaman en la Liturgia, posibilitan distintos comentarios. Pero hay veces que una sola frase suscita una llamada iluminadora.

En los textos de hoy, la frase de Jesús a la niña muerta es reveladora de una invitación a cada uno de nosotros: “Contigo hablo, niña, levántate”.

El relato evangélico supera el signo concreto, referido a dos mujeres, una enferma, otra muerta. Las acciones de Jesús suceden una vez realizada la travesía del Lago: “Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla”. Cruzar el Mar de Galilea, en el contexto de otras travesías es referencia pascual. Cuando en otros momentos los discípulos han tenido que tomar la barca al atardecer y cruzar el Lago, han debido superar las tormentas, acrisolar su confianza y confesar su fe en el Maestro. y lo han reconocido Señor, Una vez que el viento y las olas se aplacan y pisan tierra firme, después de la tormenta, lo reconocen como Señor.

La expresión del salmista concentra nuestra reflexión: “Al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo”. Es el código cristiano, no solo de la existencia, sino que a cada momento se nos presenta la dialéctica del despojo y del hallazgo: del riesgo y de la confianza; de la oscuridad y de la luz.

Un principio que nos debe dar siempre esperanza es el axioma del libro de la Sabiduría: “Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser”. Y tanto nos amó, que envió a su propio Hijo no solo para revelarnos nuestra identidad original, sino también con el deseo de devolvérnosla a costa del despojo y anonadamiento de su mismo Hijo: “Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza”.

¿Te crees tu identidad original?

¿Das fe a la opción entrañable de Dios?

¿Te acompaña en tu camino la Palabra, que te permite creer la profecía de que la vida puede a la muerte; la calma a la tormenta; el alba a la noche?

¿Has experimentado la mano del Señor que te ha sacado de tus fracasos?
No dudes, levántate siempre.


Agradecemos esta aportación a Don Ángel Moreno de Buenafuente. (Consulta aquí su página web)
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