¿Con qué ojos debemos mirar a nuestro prójimo?

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Pues ya habéis oído con qué ojos habéis de mirar a vos misma y a Cristo, resta, para cumplimiento de la palabra del profeta que os dice: Ve, que oyáis con qué ojos habéis de mirar a los prójimos, para que así de todas partes tengáis luz y ningunas tinieblas os hallen. Y para esto habéis de notar que aquél mira bien a sus prójimos, que los mira con ojos que pasen por sí mismo y pasen por Cristo. Quiero decir: tiene un hombre trabajos, cuanto a su cuerpo, o tristezas o ignorancias y flaquezas, cuanto a su ánimo.

Claro es que siente pena con el calor y frío, y le duele la enfermedad y desea ser no despreciado ni desechado por sus flaquezas, mas sufrido y remediado y aplacado. Pues de esto que pasa en él, así en sentir los trabajos, como en desear remedio en ellos, aprenda y conozca lo que el prójimo siente, pues es de la misma flaca naturaleza de Él. Y con aquella compasión le mire y remedie y sufra, con que se mira a sí mismo y desea ser de los otros mirado y remediado. Y así cumplirá lo que la Escritura dice: De ti mismo entiende las cosas que son de tu prójimo. Y haga con su prójimo lo que quiere que se haga con Él; porque de otra manera, ¿qué cosa puede ser más abominable que querer misericordia en sus yerros y venganza en los ajenos? ¿Querer que todos le sufran con mucha paciencia, pareciéndole sus yerros pequeños, y no querer él sufrir a nadie, haciendo él de la pequeña mota del ajeno defecto una gran viga? Hombre que todos quiere que miren por él, y le consuelen, y él ser desabrido y descuidado para con los otros, no merece llamarse hombre, pues no mira a los hombres con ojos humanos, que deben de ser piadosos.

La Escritura dice: Tener peso y peso, medida y medida, abominable es delante de Dios, a dar a entender que quien tiene una medida grande para recebir, y otra pequeña para dar, que es desagradable delante los ojos de Dios. Y su pena será que, pues él no mide a su prójimo con la misericordia que quiere que midan a él, que le mida Dios a él con la crueldad y estrecha medida con que él mide a su prójimo. Porque escripto está: con la medida que midiéredes, seréis medidos. Y juicio sin misericordia será hecho a quien no hiciere misericordia. Pues, doncella, en cualquier cosa que en vuestro prójimo vierdes, ¿qué es lo que vos sentís, o querríades que otros sintiesen de vos, acaeciendos a vos?, y con aquellos ojos que pasan por vos compadeceos de él, y remedialdo en cuanto pudiéredes y seréis medida de Dios con esta piadosa medida que vos midiéredes, y así habréis sacado conocimiento del prójimo de vuestro proprio conocimiento, y seréis piadosa con todos.