Seguir a Cristo sufriente, único amor.

275

Hoy desde que me levanté estoy muy triste. Parece que de repente se me parte el corazón. Jesús me dijo que quería que sufriese con alegría. Esto cuesta tanto, pero basta que El lo pida para que yo procure hacerlo. Me gusta el sufrimiento por dos razones: la primera, porque Jesús siempre prefirió el sufrimiento, desde su nacimiento hasta morir en la cruz. Luego ha de ser algo muy grande para que el Todopoderoso busque en todo el sufrimiento. Segundo: me gusta porque en el yunque del dolor se labran las almas. Y porque Jesús, a las almas que más quiere, envía este regalo que tanto le gustó a El.

Me dijo que El había subido al Calvario y se había acostado en la Cruz con alegría por la salvación de los hombres. «¿Acaso no eres tú la que me buscas y la que quieres parecerte a Mí? Luego ven conmigo y toma la Cruz con amor y alegría».