Perderse en el océano de amor infinito

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El amor no se comprende sin la unidad: el amor eterno es la unidad inefable que enlaza al Padre y al Verbo, que los funde, diríamos en nuestro lenguaje, en un ósculo infinito de amor. El amor creado es inmensa aspiración de unidad que se consuma cuando se pierde en el océano infinito de la unidad de Dios. Por eso la caridad se consuma cuando el alma entra en la unidad de Dios, en el gozo del Señor; por eso la suprema plegaria de Jesús fue que todos fuéramos consumados en la unidad; por eso la primera y la última aspiración del alma enamorada se expresa en el primer versículo del Cantar de los Cantares: «Osculetur me osculo oris sui»— “Béseme con el beso de su boca”. La boca del Padre es el Verbo; el beso de su boca es el Espíritu Santo. Por ese ósculo misterioso toda la Trinidad se comunica al alma y el alma se comunica a toda la Trinidad. La consumación de la unidad, que es la consumación del amor, consiste en que el alma transformada en Jesús repose en el seno del Padre, en la unidad del Espíritu Santo. (El Espíritu Santo)