Todo lo bueno que tenemos lo recibimos del amor de Dios

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Si esperamos para amar a Dios y para ser por Él amados, ser limpios, ser fuertes, ser buenos, ya podíamos esperar toda la eternidad o más bien ya podíamos desesperar para siempre. Todo lo bueno que tenemos lo recibimos del amor de Dios. Él no nos ama porque seamos puros o porque seamos buenos; sino que si somos puros o buenos es porque Dios nos ama. Nuestro amor, amor por indigencia, busca cualidades en el objeto amado; el amor de Dios, amor de plenitud, no busca cualidades sino las da, no pide sino que da y se da y se comunica sin reserva. (El Espíritu Santo)