Las dos coronas

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Es un hecho conocido de la vida de Santa Catalina de Sena. He aquí cómo lo relata su confesor: “Nuestro Señor se apareció un día a la santa teniendo en su mano derecha una corona de oro y piedras preciosas, y en su mano izquierda una corona de espinas. “Ten presente, hija mía muy querida”, le dijo, “que has de llevarlas ambas en ocasiones y tiempos diversos. Escoge la que quieras. Si llevas en la vida terrena la corona de espinas, te reservaré la otra para la eterna. Si prefieres ahora la de oro y piedras preciosas, la de espinas quedará para después de tu muerte”. –“Hace mucho tiempo, Señor”, contestó la santa, “que no tengo voluntad propia; sólo quiero vuestro beneplácito: no me toca, pues, elegir. Sin embargo, ya que vuestra voluntad es que conteste, os diré que elijo en este mundo siempre de acuerdo con vuestra bienaventurada pasión y buscar siempre por vos mi alegría en el sufrimiento”. Entonces la santa, en un ímpetu de fervor, tomó la corona de espinas y la puso con sus dos manos en su cabeza, con tal violencia que las espinas se la horadaron toda alrededor”. Escoger el sufrimiento y las tribulaciones, por un ardiente deseo de purificación absoluta, ya desde este mundo, y por no apartarse un punto de la imitación de Nuestro Señor, a fin de que antes de la muerte todo sea dejado y consumado. (José Tissot, La vida interior)