La sublime dignidad de María

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Por el privilegio de su maternidad divina María está, en la intimidad divina, encumbrada sobre todas las criaturas. Ángeles y hombres, todo le es inferior, porque ninguna dignidad, ni angélica ni humana, es comparable a la dignidad de Madre de Dios. El Señor está con ella, y ella está con el Señor de una manera supereminente. Y para ser elevada a esta dignidad María ha tenido una plenitud de gracia y una plenitud de humildad ante la cual palidecen las grandezas reunidas de los ángeles y de los hombres. ¡Las grandezas de la Madre de Dios!…, todos los siglos las han cantado y no han dicho lo que son; todos los siglos las cantarán, según ella misma lo ha predicho y no dirán lo que son. Y ninguna criatura dirá jamás lo que es la Madre de Dios, y qué gracia y qué humildad la ha hecho Madre de Dios. (José Tissot, La vida interior)