La segunda tristeza de los perfectos: la falta de devoción

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La segunda causa por que se deben entristecer los varones recogidos es por faltarles la devoción, y digo los varones recogidos, porque los disolutos no sienten la falta de ella; y la causa es porque nunca supieron entera ni aun medianamente a qué sabía. Lo que más fatiga a los justos es ver el poco deseo que tienen de Dios aquellos que se dan a los placeres terrenos; lo cual no procede sino de no haber gustado siquiera una gota de la divina dulcedumbre, y, por tanto, el deseo que los justos tienen y la voz que acerca de ésta da el ánima de ellos no es sino aquella del salmo (Sal 30,20): ¡Oh cuán grande es, Señor, la muchedumbre de tu dulzura, la cual escondiste a los que te temen! Y a los que son disolutos dice (Sal 33,9): Gustad y ved, qué suave es el Señor, al cual no menos desearíades si lo gustásedes que deseáis todos los otros deportes terrenos, antes mucho más.

Tercer abecedario espiritual. Capítulo V, de la tristeza