La Resurrección del Señor

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La primera cuestión que viene a nuestro pensamiento durante la lectura del Evangelio de este día es: ¿cómo era real y verdadero el cuerpo de Jesucristo después de su resurrección, que pudo penetrar en el lugar donde estaban sus discípulos con las puertas cerradas? Debemos tener presente que las operaciones divinas, si llegan a ser comprensibles por la razón, dejan de ser maravillosas; tampoco tiene mérito la fe cuando la razón humana la comprueba con la experiencia. Estas mismas obras de nuestro Redentor, que de suyo no pueden comprenderse deben ser medidas con alguna otra obra suya, para que los hechos más admirables confirmen a los que lo son menos. Así, aquel mismo cuerpo que, al nacer, salió del seno virginal de María, entró en aquella habitación cerrada donde se encontraban los discípulos. ¿Qué tiene, pues, de extraño, que el que había de vivir para siempre, el que al venir a morir salió del seno de la Virgen, penetrase en ese lugar con las puertas cerradas?

Homilías sobre los Evangelios, 26