La Pasión de Cristo

Pondera en tu interior que todo esto lo ha obrado padecido, no por fuerza (Joann. X, 18), ni por interés, sino por puro amor, como el mismo Señor lo dijo, y a fin de que a su imitación y ejemplo (I Petr. II, 21), te ejercites en la virtud de la paciencia. Procura, pues, comprender bien lo que pide y desea de ti, y la complacencia y gusto que le darás con el ejercicio de esta virtud. Concibe después deseos ardientes de llevar, no sólo con paciencia, sino también con alegría, la cruz que te envía, y otras más graves y pesadas, a fin de imitarle más perfectamente, y de hacerte más agradable a sus ojos. Represéntate todos los dolores e ignominias de su pasión, y admirándote de la invariable constancia con que los sufría, avergüénzate de tu flaqueza: mira tus penas como imaginarias, en comparación de las que Él padecía por ti, persuadiéndote de que tu paciencia ni aun es sombra de la suya. Nada temas tanto como el no querer sufrir y padecer algo por tu Salvador, y desecha luego, como una sugestión del demonio, la repugnancia al padecimiento.(El Combate Espiritual, Lorenzo Scupoli)