La misión del sufrimiento

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De cualquier modo que venga, todo sufrimiento viene de Dios. Viniendo de Dios tiene una misión que llenar en mi alma: viene a purificarla, a desasirla de lo criado, a elevarla. El dolor es un enviado de Dios; debo recibirlo y dejarle cumplir su misión; aceptarlo: éste es todo mi deber. No es preciso pedirlo: a no ser por una inspiración particular del Espíritu de Dios, que rara vez se da antes del quinto grado de la piedad, es siempre una presunción, y por consiguiente un peligro, el pedir pruebas. No pedir nada, no rehusar nada: máxima favorita de San Francisco de Sales, que puede servir de fórmula para la marcha de la vida cristiana a través de las tribulaciones y de los consuelos. (José Tissot, La vida interior)