La lentitud de nuestro progreso

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«Hay que llevar con paciencia la lentitud de nuestra perfección, poniendo siempre de nuestra parte todo lo que podamos para ir avanzando» (Plática X. De la Obediencia). «Así, pues, esperemos con paciencia que vamos a mejorar y, en vez de inquietarnos por haber hecho poca cosa en el pasado, procuremos con diligencia hacer más en el futuro» (Tratado del amor de Dios). «No perdamos la paz al vernos siempre como principiantes en el ejercicio de las virtudes, porque en estos trabajos siempre debemos todos considerarnos principiantes; durante toda la vida estaremos sometidos a prueba, y considerarse como habiendo superado todas ellas es la señal más clara no sólo de no haberlas superado, sino de incapacidad para seguir siendo probado. La obligación de servir a Dios y de progresar en su amor dura hasta la muerte. «Alguno puede decirme: ¿cómo puedo no entristecerme ni inquietarme, si me doy cuenta de que por mi culpa voy retrasado en el aprovechamiento de las virtudes? »Ya dije en la Introducción a la vida devota, y ahora vuelvo a decirlo gustoso, porque nunca se dirá bastante: Conviene arrepentirse con un arrepentimiento fuerte y sosegado, constante y tranquilo, pero sin permitir que nos turbe, nos inquiete o nos desanime» (Ibídem).