La espera de Dios en la Eucaristía

168

Es muy importante que aumente tu fe en su amor, que creas que él anhela llegar hasta ti en la eucaristía. Cuando creas lo mucho que él te ama y te espera, sabrás que si tú retrasas tu llegada, Dios, en su loco amor por ti, sufre lo que en psicología se califica como «el tormento de la espera». Cuando creas que Jesucristo te ama y te espera, entonces, como resultado de esa fe, deberá aparecer en ti el deseo y el ansia de la eucaristía, un ansia atormentadora porque él llegue. El tormento que se sufre cuando se espera a una persona es un tormento a la medida del amor que se le tiene. Cuanto más ama la madre al hijo que no llega, tanto mayor es su «tormento de la espera». Cuando se trata del amor infinito de Dios, de un amor que ni siquiera estás en condiciones de imaginar, cuando no llegas, entonces, ¿no tiene que ser enorme el sufrimiento causado a Dios por esa espera? La fe en que él desea encontrarse contigo, te protegerá de la rutina, la cual es una de las mayores amenazas para la fe. Cuando creas plenamente en el amor infinito de Jesús, cuando descubras que es un tormento para él esperar tu llegada al banquete eucarístico, entonces ya no podrás vivir sin la eucaristía. Habrá en ti ansia de eucaristía, un ardiente deseo de encontrarte con Dios, y si tienes ansia de eucaristía, no hay lugar para la rutina. (Tadeuz Dajczer, Meditaciones sobre la fe).