Humillarnos en todas nuestras obras

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Aprende a humillarte en todas tus obras, mirándolas como espejos que te representan maravillosamente tu nada. Éste, hija mía, es el fundamento de todas las virtudes; porque como Dios en el principio del mundo creó de la nada a nuestro primer padre, así funda ahora todo el edificio espiritual sobre el conocimiento de esta verdad, porque por nosotros mismos nada somos. De suerte, que cuanto más profundamente nos abatimos y nos humillamos, tanto más se levanta el edificio (Vide D. Augnst. serm. 10 de verb. Domini); y a la medida que vamos cavando en la tierra de nuestras miserias, y descubrimos el fondo de nuestra nada, el divino Arquitecto pone las piedras sólidas y firmes que sirven para la fábrica del edificio. No te persuadas jamás, hija mía, de que puedes humillarte ni abatirte tanto cuanto es necesario; antes bien has de creer que, si pudiese darse algo infinito en la criatura, lo sería tu fragilidad y bajeza. Con este conocimiento puesto en práctica lograremos todo el bien que se puede desear; pero sin él seremos poco menos que nada, aunque hagamos todo lo que hicieron los Santos, y aunque estemos siempre ocupados en la contemplación del mismo Dios.(El Combate Espiritual, Lorenzo Scupoli)