El Espíritu Santo permanece en nosotros

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Poseemos pues al Espíritu Santo; pero no pensemos que su visita es fugaz, no; establece su morada en nosotros. Nos dice Jesucristo en la última Cena, hablando del Espíritu Santo: “Permanecerá en vosotros mi espíritu». No es por consiguiente una visita pasajera; todavía en la Comunión eucarística la visita de Jesús es fugaz, dura en nosotros mientras duran las sagradas especies; la visita del Espíritu Santo, la visita de la Divinidad, —porque el Espíritu Santo no puede estar sino unido con el Padre y el Hijo—, es permanente, no es un momento pasajero, no es por un tiempo determinado, no; es el dulce Huésped del alma, el que tiene su morada en nuestro corazón, su morada permanente. (El Espíritu Santo)