El goce de los sentidos y el goce del espíritu

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[La vida de los sentidos] no es el lugar que Dios ha designado para campo de las ascensiones del corazón; las ascensiones del corazón parten de punto más profundo, se levantan del valle de lágrimas. Y aquí, en estas profundidades, está la lucha, está el dolor. Es preciso arrancar de raíz ese egoísmo personal, ese amor de sí mismo que tan vivo está y que tan profundamente ha arraigado en nuestro corazón. El trabajo es rudo y los goces escasos, al menos para los sentidos. Pero hay en esta lucha goces más verdaderos y más completos. Dios mismo se asocia a este trabajo y comunica al trabajador el gozo de su presencia, y por esto es bienaventurado, según lo dice el sagrado texto. Pero los sentidos ignoran estos goces; no ven más que las lágrimas y el dolor, el trabajo penoso de la ascensión y la lucha; por eso, instintivamente, temen las profundidades donde este trabajo se realiza. ¡Es tan fácil ilusionarse cuando, por una parte, se experimentan sin gran dificultad gozos que se creen muy puros, y por otra se ven combates que no se estiman necesarios!… (José Tissot, La vida interior)