El estado de perfección

El estado de perfección no está definitivamente establecido en un alma sino cuando ha adquirido la facilidad y la prontitud para conocer, amar y servir, lo primero, a Dios en todas las cosas, cuando puede ya hacer fácil y prontamente los sacrificios necesarios para mantener sin cesar su propia satisfacción en el lugar que le corresponde. Y este estado no es completo y acabado mientras esa alma no se sienta dispuesta a sacrificar hasta la vida antes que cometer una imperfección voluntaria: antes morir que buscarse a sí misma con preferencia a Dios, voluntariamente, en la más pequeña cosa: éste es el lenguaje de la perfección. (José Tissot, La vida interior)