El don de piedad, una efusión de caridad

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El Apóstol San Pablo experimentó maravillosamente este efecto del Don de Piedad cuando dijo: “Yo daré con gusto todo y me gastaré a mí mismo por vuestras almas”. Y es que el Don de Piedad, como que brota de la caridad, como que es una efusión del Espíritu de adopción, no tiene medida, no tiene las normas estrechas y rígidas de las virtudes, sino que rompe los moldes y, en un arranque de santa generosidad, las almas que poseen desarrollado el Don de Piedad lo dan todo y se dan a sí mismas para el provecho de los demás. (El Espíritu Santo)