Con el dolor completamos lo que falta a la pasión de Cristo

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No hay vínculos comparables con los vínculos del dolor para unir las almas con Él. ¿Por qué? Porque Jesucristo con su contacto santificó el dolor, porque quiso servirse del dolor para redimir al género humano, porque cuantas veces sufrimos completamos —como dice San Pablo— la Pasión de Jesucristo. El dolor hace que nos asemejemos a Jesús; nuestro Amado es un Dios clavado en la Cruz, y es propio del amor sentir el deseo inmenso de asemejarse al que ama, es propio del amor hacer semejantes a los que se aman; y si hemos puesto el corazón en un Dios Crucificado, es preciso que nuestra carne se desgarre, que nuestro corazón se llene de amargura, que llevemos en nuestro cuerpo los estigmas del Cuerpo de Jesús . El anhelo de hacemos semejantes a Jesús nos fortifica y la satisfacción de reproducir en nosotros la imagen de Jesús Crucificado es un consuelo íntimo y dulcísimo cuando sufrimos. (El Espíritu Santo)