Devoción y devociones

Cuando yo hago consistir toda mi piedad en los ejercicios espirituales y me imagino que ellos son la piedad, tomo los medios por el fin y me paro en el camino; fomento con esto mi natural vanidad, mi necesidad de satisfacción, mi sentimentalismo y todas mis pequeñas o grandes pasiones de orgullo y de sensualidad. Lo que en último término busco es a mí mismo y mi placer, y si algo busco de Dios es frecuentemente con la mira puesta en mi gusto; Dios viene a ser para mí un medio de satisfacción. El orden es invertido por completo, y lo que practico bajo el nombre de piedad es todo lo contrario a ella. Esto se llama falsa piedad, falsa devoción: falsísimas en verdad, puesto que son precisamente lo más opuesto a la piedad y a la devoción. (José Tissot, La vida interior)