Caminos de oración

Si bien los maestros de la vida espiritual ponen especial empeño en invitar a las almas a darse a la oración, por ser un elemento esencial para la perfección espiritual, sin embargo se guardan bien de imponer indistintamente a todas las almas un camino con preferencia a otro. Decimos «imponer»: ellos indican o recomiendan métodos particulares; todos tienen su valor, hay que reconocerlo; todos encierran su utilidad, que se puede comprobar. Ahora bien, querer imponer indistintamente a todas las almas el mismo método sería desconocer la libertad divina, según la cual Jesucristo distribuye sus gracias, y las inclinaciones que hace nacer en nosotros su Espíritu. En materia de método, el que ayuda a un alma puede molestar a otra. La experiencia demuestra que muchas almas que tiene facilidad para conversar habitual y sencillamente con Dios, sacando mucho fruto, se verían torturadas si se las quisiese someter a tal o cual método. Cada alma, pues, ha de examinarse antes de imponerse a sí misma el mejor método de conversar con Dios, debe, por una parte, apreciar sus aptitudes, sus disposiciones, sus gustos, sus aspiraciones, su género de vida; tratar de conocer el impulso del Espíritu Santo; tener en cuenta sus progresos en la vida espiritual. Debe, por otra, ser dócil y responder con generosidad a la gracia de Cristo y a la acción del Espíritu Santo. Encontrado el camino que más le conviene, después de varios tanteos inevitables en los principios, el alma debe seguirlo fielmente, hasta que el Espíritu Santo la conduzca a otro camino; esto es una garantía de fecundidad.(La oración por Columba Marmión)