Buscar lo más perfecto

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El comerciante, que en un negocio lícito puede ganar doscientas pesetas, ¿se contentará con cien? –Evidentemente no. La condición fundamental de las negociaciones comerciales es que cada cual procure lealmente lo que conviene a sus intereses. Esto es lo que asegura la emulación, el progreso y el éxito. Yo estoy obligado a procurar la gloria de Dios; es el fin esencial de mi vida; las criaturas me han sido dadas para esto. Pero entre las criaturas hay unas que procuran la gloria de Dios más que otras. Si no quiero que mi conducta no sea más irracional que la del más inepto comerciante, debo escoger las criaturas que más procuran la gloria de Dios. Si no me cuido de elegir aquellas que me son más útiles para este fin, voy claramente contra la razón y contradigo con mi conducta el principio fundamental de mi existencia. Si quiero poner en este negocio –el único esencial– el cuidado y exactitud que los hombres ponen en sus negocios materiales, debo hacer distinción entre las criaturas y escoger aquellas que procuran más la gloria de Dios. Esta elección de lo más perfecto es el acto propio de la santidad. (José Tissot, La vida interior)