El amor, una obsesión

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¿No es una obsesión el amor? ¿No es el amor el imperio de una imagen dulcísima que avasalla todas nuestras facultades, que absorbe toda nuestra vida, que no admite rival ni se sacia con menos que con la total plenitud del ser que invade? ¿No es el amor el conquistador afortunado que entró por las puertas de nuestro corazón, no supimos cuándo, y que después de haberse posesionado palmo a palmo de todo nuestro ser, clavó sobre la cima de nuestra alma su bandera triunfante, dejando en su carrera victoriosa, como despojos de su poder, jirones sangrientos de lo que antes amábamos, arrojando del alma todo lo que no es él, para convertirse en el dueño único de nuestros pensamientos, en el fuego único de nuestro corazón? (El Espíritu Santo)