San Hilario de Poitiers: grande personalidad, fe sencilla

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Vida

Nació en Poitiers alrededor del año 315, de una familia rica, pero pagana. En su juventud, recibió una esmerada formación filosófica y retórica, tal y como se acostumbraba en ese tiempo. Tras su conversión, recibió el bautismo en el 345. Aunque se casó, más tarde se hizo clérigo y luego fue elegido obispo de su ciudad natal en el 353 ó 354.

Desterrado a Oriente -concretamente a Frigia– por no seguir la política religiosa del emperador Constancio, permaneció cuatro años en el exilio, en donde bebió de la espiritualidad oriental, sin descuidar el gobierno de su diócesis, que seguía desde lejos. Ahí escribió también su obra más importante De Trinitate (Sobre la Trinidad), mientras quecombatía la herejía arriana con firmeza.

Al regresar a su sede en Poitiers, Hilario convocó numerosos sínodos en todo el país, al mismo tiempo que introdujo el monacato en Francia, tal y como lo había vivido él mismo en Oriente y en donde contó con la inestimable labor de
San Martín de Tours

Los últimos años de su vida, los pasó dedicado en cuerpo y alma a la atención espiritual de sus fieles. Murió el año 368 y fue declarado Doctor de la Iglesia en 1851, por el Papa Pío IX.

Aportación para la oración

La principal característica de Hilario es, sin duda, la firmeza de su fe y la relevancia que él le da para la vida. Impresiona ver a una persona con tanta preparación intelectual que le dé tanto peso a la fe; aunque, es tal vez justamente eso lo que le hace obrar así: confiaba ya muy poco en las luces de la filosofía, aunque no dejeba de estudiarla.

Ante esto,Hilario le da una importancia capilar a la fe simple, no hecha a base de grandes silogismos, sino adquirida por una piedad sólida. Y será justamente de esa fe de donde luego brotarán la auténtica sabiduría; sabiduría que, por otra parte, nunca podremos alcanzar en su totalidad en esta tierra: «El que con piedad busca el infinito, no lo alcanzará del todo, pero avanzará en su camino hacia él» (De Trinitate 2, 10).

Y es tal vez aquí en donde Hilario nos puede ayudar de modo particular en nuestra oración. ¿Cuántas veces queremos entender a Dios, tenerlo en la palma de la mano, analizarlo con microscopio? Eso es imposible. Sin embargo, el que ama con profundidad a alguien, no busca comprenderlo en su totalidad, sino estar a su lado, acompañarlo. No pide razones a su actuación; busca darle al otro razones para amarlo más. No exige, sino que da. E Hilario es, justamente, el primero que lo cumple: enamorado de Cristo, fue capaz de defender su divinidad contra los arrianos hasta el destierro. ¿De dónde sacó las fuerzas? Ciertamente, de su estudio… pero sobre todo de la sencillez de su oración. Y es que el verdadero enamorado de Dios estudia e intenta razonar su fe… pero, sobre todo, busca amarlo con sencillez.


Autor: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C.

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