¿Qué hacer cuando estoy perdido en mi oración?

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¿Qué hacer cuando estoy perdido en mi oración?

«Cristo es el camino y la puerta. Cristo es la escalera; y él vehículo[…] Pregunta a la gracia, no al saber humano; pregunta al deseo, no al entendimiento; pregunta al gemido expresado en la oración, no al estudio y la lectura; pregunta al Esposo, no al Maestro; pregunta a Dios, no al hombre; pregunta a la oscuridad, no a la claridad; no a la luz, sino al fuego que abrasa totalmente y que transporta hacia Dios con unción suavísima y ardentísimos afectos» (San Buenaventura, Opúsculo sobre el intinerario de la mente hacia Dios, 7).

Tengo un compañero en casa que se está haciendo famoso porque cada vez que vamos de paseo a la montaña se pierde. Se lo hemos dicho y bromeamos con él al respecto y, aunque parece que ha mejorado un poco –pues no se ha perdido en los dos últimos paseos– estamos a la espera de ver si realmente logra formar un hábito.

Me he acordado de esta anécdota al leer el texto de San Buenaventura que hoy quiero compartir con ustedes. ¿Cuántas veces nos sentimos perdidos en nuestra oración, sin saber a dónde ir? La sequedad, el aburrimiento, la tristeza son algunos de los obstáculos que nos desvían del buen camino y pueden llegar no sólo a perdernos, sino a abandonar todo intento de oración; a desalentarnos del todo.

Cristo es el mejor Guía, ora con fe e insistencia

¿Qué solución da nuestro santo franciscano? Conseguir un guía. O mejor, un Guía, con mayúscula. Porque en esas ocasiones es cuando más tenemos que suplicar a Dios, no tanto tratar de entenderle. Es como seguir a un experto sherpa que te indica el camino al Éverest por un lugar que crees imposible, pero que él conoce a la perfección: sabes que si no lo sigues, te perderás seguro. Pues de igual manera con Cristo: si no oras con insistencia y con amor confiado en los momentos de prueba, más seguramente te perderás.

En este sentido, San Buenaventura es un claro ejemplo de cómo salir airoso de una dificultad como esta. En el artículo anterior comentábamos que sufrió de escrúpulos durante una etapa de su vida. Pero supo confiar en Dios, oró con más insistencia y vean el resultado. Después de todo, es el ejemplo que Cristo mismo nos dio en Getsemaní: «sumido en agonía, insistía más en su oración».

Así que si se sienten perdidos en su oración, si hay sequedad o cuando lleguen -que llegarán- no desistan en su oración, confíense en ese Guía. De esta manera podrán decir, con el salmista, «aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo» (salmo 23).


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