12 octubre,2019

Frases de San John Henry Newman

Frases de San John H. Newman

Frases sobre la Santidad

  1. Obtener el regalo de la santidad es el trabajo de toda una vida.

2. Cuanto más frecuentes sean nuestras oraciones, cuanto más humildes, pacientes y religiosos nuestros actos, ésta comunión con Dios, éstas obras santas serán los medios de hacer santos nuestros corazones y prepararnos para la futura presencia de Dios.

3. Los actos puntuales de obediencia a la voluntad de Dios, las buenas obras como son llamadas, nos sirven para irnos separando gradualmente de este mundo de los sentidos, e imprimiendo en nuestros corazones el carácter celestial.

4. Los actos externos de venir a la iglesia y decir oraciones, que son por cierto deberes imperativos para todos nosotros, sólo sirven realmente a aquellos que los hacen en el espíritu de la guarda del cielo. Porque tales hombres solo hacen estos actos buenos para la mejora del corazón, mientras que ni la más exacta devoción externa aprovecha al hombre si no lo mejora.

5. Una prueba principal de ser verdaderos siervos de Dios es nuestro deseo de servirle mejor

6. ¿No es la santidad el resultado de muchos esfuerzos de obediencia, pacientes y repetidos, trabajando gradualmente en nosotros, primero modificando y luego cambiando nuestros corazones?

7. Nadie encontrará la felicidad en el cielo a menos que sea santo, nadie puede aprender a serlo en corto tiempo y cuando quiera. Está implícito en el texto lo que se llama una calificación, la cual sabemos que, de hecho, ordinariamente, lleva tiempo ganar. Lo propone claramente, aunque en figura, en la parábola del vestido de bodas, en la cual la santificación interior se constituye en una condición, distinta de nuestra aceptación de la oferta de misericordia, y que no puede pasarse de largo negligentemente en nuestros pensamientos como si fuera una consecuencia necesaria de ella. Y está también en la parábola de las diez vírgenes, la cual muestra que debemos encontrar al novio con el aceite de santidad, y que lleva tiempo conseguirlo. Y nos asegura solemnemente en las cartas de San Pablo, que es posible presumir de la gracia divina hasta dejar escapar el tiempo aceptable y ser sellado aún antes del fin de la vida como una mente réproba. (Heb.6, 4-6; 10, 26-29; 2Pe 2, 20,22)

8. No os contentéis con nada menos que la perfección. Ejercitaos día a día para crecer en conocimiento y en gracia, y de ser así, podréis al fin llegar a la presencia del Dios Todopoderoso.

9. No estamos abandonados a nosotros mismos, sino que el Espíritu Santo está bondadosamente presente con nosotros, y nos capacita para triunfar y para cambiar nuestras mentes. Es un consuelo y un estímulo, mientras que es algo ansioso y temible, saber que Dios trabaja en y a través nuestro (Fil 2, 12.18).

Frases sobre el amor al prójimo

10. La mejor preparación para amar el mundo en general, y amarlo debida y sabiamente, es cultivar una íntima amistad y afecto hacia aquellos que están inmediatamente a nuestro alrededor.

11. Honrar a nuestros padres es el primer paso para honrar a Dios, amar a nuestros hermanos según la carne, el primer paso para considerar a todos lo hombres nuestros hermanos. Por eso dice nuestro Señor que debemos llegar a ser como niños para ser salvados, llegar a ser en Su Iglesia, como hombres, lo que fuimos una vez en el pequeño círculo de nuestros hogares de juventud

12. Tenemos que empezar por amar a nuestros amigos cercanos, y gradualmente ensanchar el círculo de nuestros afectos hasta encontrar a todos los cristianos, y luego a todos los hombres.

13. Lo que se entiende por amar a todos los hombres es sentirse bien dispuesto hacia ellos, estar listo para asistirlos y actuar hacia los que pasan por nuestro camino, como si los amáramos. No podemos amar a aquellos de quienes nada sabemos, excepto que los veamos en Cristo como objetos de su expiación, es decir, más en la fe que en el amor.

14. El amor real del hombre debe depender de la práctica, y por eso debe comenzar por ejercitarse en nuestros amigos que nos rodean, pues de lo contrario no existirá. Tratando de amar a nuestros parientes y amigos, sometiéndonos a sus deseos aunque sean contrarios a los nuestros, cargando con sus enfermedades, superando su ocasional indocilidad con bondad, insistiendo en sus excelencias, y tratando de imitarlas, es como formamos en nuestros corazones esa raíz de caridad que, aunque pequeña al principio, puede al final, como la semilla de mostaza, cubrir toda tierra con su sombra.

15. (Sobre San Juan…) ¿empezó él con un esfuerzo enorme por amar en gran escala? No, él tuvo el inefable privilegio de ser amigo de Cristo. De este modo fue enseñado para amar a otros; primero su afecto se concentró, después se expandió. Luego tuvo el encargo solemne y reconfortante de cuidar a la Madre de nuestro Señor, la Santísima Virgen, después de su partida. ¿No distinguimos aquí las fuentes secretas de su amor especial a los hermanos? ¿Podría él, que fue favorecido primero con el afecto de su Salvador, quien luego le confió el oficio de hijo de Su Madre, ser otra cosa que un memorial y modelo (tanto como un hombre puede serlo) de amor profundo, contemplativo, ferviente, sereno, ilimitado?

16. Hijitos, amémonos los unos a los otros. Seamos mansos y bondadosos, pensemos antes de hablar, tratemos de mejorar nuestros talentos en la vida privada, hagamos el bien, no esperando retribución y evitando todo exhibicionismo delante de los hombres.

17. No nos pertenecemos, hemos sido comprados con la sangre de Cristo, estamos consagrados para ser templos del Espíritu Santo, un privilegio inexpresable que es lo suficientemente pesado como para hundirnos por la vergüenza de nuestra indignidad, si mientras no nos fortaleciera por la ayuda que él mismo imparte para soportar su altísimo precio

18. En vez de enviar a Su Hijo desde el cielo, lo envió como el Hijo de María, para mostrar que todo nuestro sufrimiento y nuestra corrupción podía ser bendecida y cambiada por El.