¿Vacaciones espirituales?

¿Vacaciones espirituales?

«Yo aconsejo a todos que hagan meditación -aunque no tengan virtudes- porque es el principio para alcanzar todas las virtudes y cosa en que nos va la vida. Y ninguno, por perdido que esté, debía dejar de hacer». (Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 16, 3).

¿Dejar de orar? ¡Pero si es alimento espiritual!

Cuando uno se va de vacaciones, normalmente deja de lado muchas cosas para retomar fuerzas: trabajo, preocupaciones, incluso algunos hasta el teléfono… Pero nunca he escuchado a nadie decir: «en estas vacaciones no voy a comer nada; me tomo unas vacaciones gastronómicas». En tal caso, se da lo contrario y ¡cuántas veces regresamos con algún kilito de más!

Pues en la vida espiritual pasa lo mismo: no pueden haber vacaciones espirituales. No cabe decir «en este período voy a dejar de rezar». Sería el suicidio del alma.

Veámoslo desde otra perspectiva. Hay algo que cualquier entrenador, independientemente del deporte que se practique, aconseja siempre a quien tiene a su cuidado, además del ejercicio físico: comer bien y con una dieta acorde a su condición de deportista. El otro día leí que Michael Phelps, el ganador de 16 medallas olímpicas en natación, comía tres platos de pasta diarios.

Santa Teresa de Jesús, como buena nutrióloga y entrenadora de la vida espiritual, hace un poco lo mismo y nos recomienda un suculento plato: la meditación. Es más, para ella es algo obligatorio y cuestión de “vida o muerte”: hay que orar en todo momento, en toda circunstancia, siempre.

La insistencia tiene una razón de ser muy sencilla: la oración es el principio de la vida espiritual y sólo quien ora puede avanzar en la santidad. Teresa incluso dice que se debe orar aunque no se tenga virtud (traducción: aunque se sea el pecador más grande de este mundo). Después de todo, es la actitud del publicano del Evangelio: «El publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!”» (Lc 18, 13). Y es fascinante pensar que el Señor se conmueve, que se deja tocar por nuestra oración.

Muchas veces nos preguntamos por qué es tan importante orar. Teresa de Jesús nos da una razón más a las que, tal vez, ya hayamos descubierto: si no oras, simplemente te mueres espiritualmente pues, como nos vuelve a repetir la Santa, «sin este cimiento fuerte (de la oración) todo edificio va falso» (Camino de Perfección, 4, 5).


Autor: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C.

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