8 agosto,2011

San Basilio Magno: para orar hay que ser realistas

San Basilio Magno: para orar hay que ser realistas

 Vida

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Basilio pertenecía a una familia de santos: santas fueron su abuela, su madre y su hermana; santos también su padre Basilio el viejo y sus hermanos Pedro (obispo de Sebaste) y Gregorio (obispo de Niza). Y, finalmente, santo fue también él y, sin duda, el más conocido de todos ellos.

Nació hacia el 331 en Cesarea de Capadocia. Después de estudiar en Atenas y Constantinopla regresó a su casa donde se convirtió gracias a su hermana Santa Macrina y pidió el bautismo. Emprendió una serie de viajes por varios monasterios de Siria, Palestina, Egipto y Mesopotamia, hasta que él mismo fundó uno en el Ponto. Para sus monjes redactó las famosas «Reglas amplias y breves», la primera Regla de vida escrita para un monasterio. En ella se enseña cómo alcanzar la santidad con la oración, el estudio, las buenas lecturas y los trabajos manuales. Los más famosos fundadores de comunidades religiosas, como san Benito, se inspiraron en estas reglas para escribir las suyas.

En el del 363, san Basilio fue ordenado sacerdote y en el 370 sucedió a Eusebio como obispo de Cesarea, del Ponto y metropolita (encargado, podríamos decir) de cincuenta diócesis sufragáneas. Fue administrador y pastor ejemplar, preocupándose del material y espiritual de sus fieles.

Cuando el emperador Valente, que había abrazado el arrianismo (herejía que decía que Cristo era solamente un hombre y no Dios), subió al trono de Oriente, trató de obligar a Basilio a aceptar también la fe arriana, pero éste se resistió y nada pudo hacer contra él el emperador. Murió el 1 de enero del 379 y un gran amigo suyo también santo, san Gregorio Nacianceno, predicó las honras fúnebres. Su fiesta litúrgica se celebra el 2 de enero.

Aportación para la oración

La principal aportación de Basilio a la vida espiritual es una visión realista del ser humano. Anteriormente a él, San Pacomio había escrito una regla para sus monjes en donde las penitencias corporales formaban una parte esencial del trabajo espiritual. Basilio moderó dicha regla, dando un mayor peso a la relación personal con Dios, que habita en el alma de cada persona y con quien se debe dialogar: «El Espíritu es verdaderamente el lugar de los santos –había escrito–, y el santo es para el Espíritu un lugar propio, ya que se ofrece a habitar con Dios y es llamado templo suyo».

Otro punto importante de Basilio es la importancia de la obediencia. Si bien escrito para sus monjes, todo cristiano debe vivir esta virtud, especialmente con Dios y sus inspiraciones. Después de todo, la oración es justamente esto: escuchar y responder con prontitud y amor a un Dios que, igual que al gran Basilio, sigue hablando a los hombres y mujeres de hoy.


Autor: P. Juan Antonio Ruiz J., L.C.

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