Nunca dejes la oración

Nunca dejes la oración

El camino real de la oración

En el libro que Santa Teresa dedicó a las carmelitas de San José de Ávila para estimularlas en el camino de la perfección religiosa, ella dice que es preciso hacer oración “con una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera me muera en el camino … siquiera se hunda el mundo” (Camino de Perfección 35, 2).

Santa Teresa habla de la oración como del asunto que más importa en la vida, como aquél del que depende lo más importante, que es la misma salvación eterna. Ella conocía muy bien lo necesaria que era la gracia de Dios en la vida espiritual, pero al mismo tiempo, por experiencia propia, era consciente del valor de la oración y de las grandes tentaciones de quien comienza a hacer oración tiene que afrontar en el camino.

Sus implicaciones

Teresa llama la oración el “camino real para el cielo. Por eso ha comprendido que en la oración se está jugando no sólo la fidelidad a una vocación religiosa sino la misma salvación eterna. Esta misma visión de la realidad espiritual era la que le llevaba a San Alfonso María de Ligorio a afirmar que “quien ora, se salva; quien no ora, se condena”. Quien quiera caminar por la vía de la oración necesita tener, según Santa Teresa, “una determinada determinación” y perseverar en ella costara lo que costase.

La vida de oración no puede quedar a la veleidad del capricho, ni del sentirse bien o mal. Requiere disciplina, fuerza de voluntad, energía y determinación para no abandonarla por más obstáculos que se encuentren en el camino. ¿Hoy me siento más desganado para hacer oración? Haz oración de todos modos. Trata incluso de hacerla con más fervor. ¿Hoy no tengo las condiciones externas para hacer oración? Busca un lugar, un momento, un espacio aunque sea interior para no dejarla. ¿Hoy no me siento bien de salud? Haz el tipo de oración que puedas según tu condición de salud, pero no dejes de orar. La oración debe ser un camino que, una vez iniciado, no se abandona hasta llegar al cielo: es un camino real para el cielo. ¿Hoy he tenido una caída grave en el pecado? Ora para pedir la misericordia divina y poder levantarte.

Nunca dejes la oración

No nos sorprendamos de que casi todos los días encontraremos dificultades para orar. Algunas vendrán de fuera; otras de dentro. No importa. Aunque “se hunda el mundo” no dejes la oración porque abandonarías el camino real para el cielo. ¡Cómo nos ayuda esta determinación en la oración! ¡Y cómo el demonio quiere hacernos huir de ella, debilitando la voluntad y aceptando las mil excusas que tendremos para no orar! Teresa sabía el bien que producía la oración y el demonio también lo sabe, por ello él quiere alejarnos de ella. “Aunque me muera en el camino”, jamás dejar la oración. Aunque caigan a mi lado diez mil como dice el salmo, seguir adelante en el camino de la oración, que es camino seguro para el cielo; no sólo para mí sino también para quien, por voluntad divina, depende de mí en el orden de la salvación. La oración es mucho más que disciplina. Es gracia, pero requiere en nuestra voluntad una decisión, una determinación, una elección que sólo nosotros podemos hacer. Hagámosla, cueste lo que cueste, con la ayuda de la gracia de Dios. ¿Queremos llegar al cielo? Recorramos el camino real de la oración.


Agradecemos esta aportación al P. Pedro Barrajón, L.C. (Más sobre el P. Pedro Barrajón, L.C)

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